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Madame de Staël: la escritora romántica que revolucionó Francia

Revolucionaria, valiente, adelantada a su época y con un marcado carácter de reivindicación. Así, en pocas palabras podría definirse el perfil de esta gran mujer llamada Anne-Louise Germaine Necker, pero que pasó a la historia como Madame de Staël, una escritora romántica que se ganó la admiración del propio Lord Byron entre otras personalidades de la época.

Una escritora romántica marcada por la Revolución Francesa

Madame de Staël nació en el año 1766, en París, y desde pequeña vivió rodeada del círculo literario más prestigioso de toda Francia durante la época de la Ilustración. Su madre se encargaba de organizar las reuniones y siempre se preocupó de que su hija viviera en ese exquisito ambiente, lo cual la convirtió en una dama inteligente y con un gran nivel cultural.

A la edad de 21 años comenzó a escribir la que sería su primera novela, un drama llamado Sophie y una tragedia a la que llamó Jeanne Grey. Sin embargo, con el estallido de la Revolución Francesa a la vuelta de la esquina, convirtió una de las estancias de su hogar en un centro al que acudían personalidades del ámbito literario y político de París. Con el fin de la monarquía abandonó el país para regresar 3 años después.

Madame de Staël pasaría a la historia por atreverse a desafiar al mismísimo Napoleón Bonaparte con sus fuertes ideales lo cual hizo que fuera inmediatamente exiliada. Así fue como comenzó una de sus obras más relevantes: Diez años de destierro en la que no dudó en mofarse del emperador francés.

Sin embargo, y tras varias idas y venidas, Madame de Staël logró convertirse en una de las más influyentes escritoras de la época por su férrea defensa a los derechos de la mujer, llegando incluso a llamar a una auténtica revolución y así lo reflejó en Consideraciones sobre la Revolución francesa.

El romanticismo en la obra de Madame Staël

En la época en la que Madame de Staël vivió, era prácticamente impensable que una mujer pudiera convertirse en abanderada de tales ideas, y pese a ello alcanzó una enorme popularidad.

Sus novelas nunca fueron consideradas románticas, aunque sí subversivas, convirtiéndose en un referente del romanticismo, movimiento cultural que no hay que confundir con lo que hoy en día se considera una obra romántica.

Pero ¿por qué me empeño en hablar de ella como escritora romántica? Porque desde mi punto de vista fue una pionera de los derechos de la mujer en cuánto a la elección voluntaria de la persona amada y del divorcio. Sus obras son reflejo de la represión de la mujer de aquella época pero no están exentas de una trama amorosa que aunque a veces no haya un final feliz podemos incluirla hoy en día en un clásico de la literatura romántica.

Como escritora romántica pueden emocionarme las historias entre dos protagonistas jovenes y apuestos que viven aventuras, que antes se llamaban calamidades, con el único objetivo de permanecer juntos. Y también pueden enarmorarme las tramas en las que se denuncia las carencias de una sociedad a través del drama personal de una mujer y la falta o no de amor en su vida, apresada en una cárcel de oro.

Ello lo refleja muy bien su novela Delphine, una obra en la que reivindica el derecho a elegir a la persona a la que se ama sin imposiciones.

Pero esto cobra aún más sentido cuando se conoce que la autora se vio obligada a contraer matrimonio con un hombre que le doblaba la edad y del que nunca estuvo enamorada, de hecho sus infidelidades y numerosos escarceos amorosos también le ayudaron a ganarse cierta popularidad entre los hombres.

Madame de Staël finalmente regresó a París donde reabrió su famoso salón literario y desde donde pudo presenciar la caída de Napoleón Bonaparte a la vez que vivía sus últimos días. Falleció el 14 de julio de 1817, pero su legado llegaría a las sucesivas generaciones. Así Madame Staël se convirtió en el icono de la lucha por una nueva sociedad y en la escritora más revolucionaria de París.

“El amor es un símbolo de eternidad. Barre todo sentido del tiempo, destruyendo todo recuerdo de un principio y todo temor a un fin.”  -Madame de Staël-.

¿Puede alguien ignorar con esta frase que esta mujer a pesar de ser una erudita también fue una escritora romántica?

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