Un revés inesperado: Resiliencia versus Flexibilidad
En mi último artículo dije que el Escritor Flexible no volvería hasta enero. Pero como así se indica en el título, mi vida ha sufrido un revés inesperado, y la necesidad de transmitirlo y plasmarlo en estas hojas digitales eran demasiado fuertes para obviarlas.

Hay momentos en la vida en los que el camino que habías trazado con tanto cuidado y esfuerzo se ve interrumpido por un giro inesperado de los acontecimientos (Tal y como dice Fermín en La que se Avecina. Una serie que nadie dice ver, pero que todos miran).
Un día estás avanzando, segura de tus pasos, y al siguiente, te encuentras en un cruce de caminos que no habías previsto. Esos momentos nos desafían, no solo por la sorpresa que representan, sino por lo que nos exigen: una elección entre resistir o adaptarnos.
La resiliencia es una palabra que a menudo escuchamos como virtud. Ser resiliente implica resistir, rebotar, volver a levantarse ante la adversidad. Suena poderoso, casi heroico. Pero ¿es siempre la mejor solución? A veces, la vida no necesita que volvamos al punto de partida, sino que encontremos una nueva ruta.
Después de años inmersa en una sola dirección, cambiando de una empresa a otra, con trabajos de las mismas caracterísiticas que ni me iban ni me venían. Encontré estabilidad en una de ellas. Pasé periodos de odio, de querer largarme cuanto antes, sin embargo, estaba inmersa en un círculo del cual no podía salir. Y así pasaron doce años. Me acostumbré a lo conocido, me acomodé a la situación y me repetía que no estaba tan mal. Aunque siempre soñaba levantarme un día y no tener que pensar en clientes pesados y nuevos procesos que algún jefe de pacotilla se había sacado de la manga.
Mi sueño era poder pasarme los 365 días del año pensando qué escena me toca escribir hoy, qué villano voy a introducir en la historia para que mis protagonistas no lo tengan tan fácil. Qué libro me va a servir de inspiración, qué invitado voy a entrevistar esta semana en el podcast, y qué artículo va a salir en el Escritor Flexible.
Y sin más llegó ese Revés. De tanto soñar me encontré sin clientes, sin el jefe de pacotilla y sin compañeros que se pasan el día quejándose por todo y contagiándome su toxicidad. Y todo eso una semana antes de Navidad.
¿Qué voy hacer el resto de mi vida?
Esa era la pregunta que no paraba de realizarme. La solución fácil era la Resilencia no decaer, afrontar el miedo y buscar una solución. La única que se me ocurría era seguir en la rueda. Continuar en otra parte con clientes, jefes y compañeros parecidos. Pero ¿Y mi GRAN sueño?
Aquí entra la flexibilidad, esa habilidad no tan glamurosa, pero igual de esencial. Ser flexible no significa rendirse; significa reinventarse. Es mirar lo que queda después del vendaval y construir algo distinto con lo que tenemos a mano. Es aceptar que el cambio no solo es inevitable, sino que también puede ser una oportunidad.
En lo personal, he tenido que enfrentar esta dicotomía ahora en este mes de diciembre. Ese cambio inesperado del que te hablo me ha dejado cuestionándome todo: mis planes, mi futuro, incluso mi identidad. Durante los primeros días, intenté ser resiliente, agarrarme con fuerza a lo que había sido y a lo que pensaba que debía ser. Y a lo que todos me decían que debía ser mi camino.
Primero me daban el pésame por la perdida de esa identidad que había sido mía durante doce años. Luego buscaban soluciones, contactos para que rápidamente volviera a esa rueda de la cual antes quería salir y no sabía cómo, y que ahora me había dejado desamparada, sin saber dónde agarrarme.
Pero pronto he descubierto que esa resistencia solo me desgasta. Lo que necesito es ser flexible: dejar ir, abrirme a nuevas posibilidades y confiar en mi capacidad para adaptarme.
La flexibilidad me lleva a replantear mis prioridades, a explorar nuevos caminos que antes había descartado o ni siquiera considerado. Todavía estoy trabajando en este proceso de introspección que no está exento de miedo, aunque también está lleno de descubrimientos. En lugar de luchar por recuperar lo perdido, quiero construir algo nuevo, algo que se sienta más alineado con quién soy hoy.
No es la primera vez que lo intento, sino la tercera. Aunque me rendí durante esos doce años. Y ahora quiero recuperar esa identidad que me arrebaté yo misma. No hay que buscar culpables externos. Quiero volver a ser creativa, honesta con mis valores, y conectar con el mundo que me apasiona: la literatura en todas sus formas.
Conectar contigo, porque si lees estas líneas, si te gusta el Escritor Flexible, es porque sientes curiosidad por narrar, crear, cuidar, transformar ese mundo interior rico en historias, personajes, tramas y giros inesperados del destino.
Si estás enfrentando un revés, mi consejo es este: déjate sentir el golpe, pero no te quedes ahí. Pregúntate si lo que necesitas es ser resiliente o flexible. Quizá descubras, como yo, que a veces, lo más valiente que puedes hacer no es resistir, sino adaptarte.
En estos meses mi idea es ir contándote mis avances en esta nueva etapa de la vida en la que no quiero volver a la misma rueda a la que me había acostumbrado. Voy a buscar mi destino en otra parte, tal vez sean las letras o tal vez alguna otra disciplina que todavía no he contemplado… Mi objetivo este 2025 es ser Flexible. ¿Y el tuyo?
Consejos para cerrar el año con intención
A pocos días de terminar el año, es el momento perfecto para detenernos, observar con calma lo que hemos vivido y prepararnos para lo que viene. Aquí tienes algunos consejos para cerrar el año de manera significativa y que yo ya he aplicado en mi vida.
- Haz una revisión sincera: Dedica un tiempo a reflexionar sobre lo que funcionó y lo que no. Pregúntate: “¿Qué aprendí este año? ¿Qué puedo soltar?”. La claridad nace de la honestidad.
- Celebra tus logros, por pequeños que sean: A veces nos enfocamos tanto en lo que no hicimos que olvidamos lo que sí logramos. Hacer una lista de tus victorias, incluso las más humildes, puede ser sorprendentemente alentador.
- Cierra ciclos pendientes: Si hay algo que puedes resolver antes de que termine el año, hazlo. No tiene que ser todo, pero dar un paso hacia adelante en algún proyecto o relación puede liberarte para empezar el próximo año con energía renovada.
- Define tus prioridades para el nuevo año: Más que hacer una lista interminable de propósitos, enfócate en lo que realmente importa. Pregúntate: “¿Qué quiero sentir, crear o experimentar?”.
- Date permiso para descansar: El cierre del año también es un momento para recargar energías. Dedícate tiempo a ti misma, desconecta de las presiones y permítete simplemente ser.
- Haz espacio para la gratitud: Tómate unos minutos para agradecer todo lo bueno que te acompañó este año. La gratitud tiene el poder de cambiar nuestra perspectiva y prepararnos para recibir más.
Recuerda que no se trata de terminar el año con perfección, sino con intención.
Yo podría haber dicho tantas cosas hirientes a esas dos personas que por sorpresa me hicieron entrar en un despacho una semana antes de Navidad y darme la triste o buena noticia (todavía lo valoro jajaja) de que ya no necesitaban mis servicios. Pero no lo hice, las abracé por las cosas buenas que sí había recibido. Y terminamos esa charla con consejos literarios y prometiendo que comprarían mis libros. Una vez liberada no me importaba que ese secreto a voces de que escribía novelas románticas se convirtiera en una certeza.
Por eso estos últimos consejos no son una lista de tareas, sino una invitación a cerrar este capítulo con calma y esperanza. Porque cada final es también un nuevo comienzo. Y el mío como el tuyo está a punto de empezar.
En el mes de enero recibirás más artículos como este cargados de mi experiencia personal y también de mi experiencia como escritora profesional.

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