El prólogo de un libro es un texto preliminar que va al inicio de la obra y que sirve como parte introductoria. La palabra prólogo proviene del griego πρόλογος prologos, de pro: ‘antes y hacia’ (en favor de), y lógos: ‘palabra, discurso’
Sirve para:
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Contextualizar la obra.
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Compartir alguna motivación o anécdota del proceso creativo (en el caso de los libros de no ficción)
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Despertar la curiosidad del lector.
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O simplemente tentar al lector a seguir leyendo.
Los prólogos cumplen funciones similares en ficción y no ficción, pero su enfoque y propósito pueden variar significativamente. Aquí te dejo algunas diferencias clave:
Prólogo en una obra de no ficción
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Contexto informativo: Presenta el propósito del libro, el enfoque del autor y por qué es relevante.
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Estilo explicativo: Suele ser más directo y reflexivo, proporcionando antecedentes sobre la investigación o el tema tratado.
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Propósito: Puede justificar la elección del tema, explicar la metodología utilizada o establecer la credibilidad del autor.
¿Cómo escribir un prólogo narrativo en novelas de ficción?
Es una escena de ficción autónoma que va antes del capítulo uno.
Forma parte del universo de la historia, pero ocurre fuera de la línea principal de tiempo o del punto de vista habitual.
Puede situarse:
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En el pasado (como un hecho clave que marcará al personaje principal)
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En otro personaje distinto (cuya historia se unirá después)
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O incluso en el futuro (para generar anticipación)
Su objetivo: crear intriga, contexto emocional o suspense que dé fuerza al arranque.
Cómo escribir un prólogo (y no arrepentirte después)
Aquí van los puntos clave para que el prólogo funcione de verdad, y no como una formalidad olvidable:
1. Decide su propósito
Antes de lanzarte, responde:
¿Para qué necesita esta historia un prólogo?
Úsalo solo si de verdad:
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Aporta información que no encaja bien en el cuerpo principal.
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Aumenta la tensión o el misterio.
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Le da al lector una pista poderosa para lo que vendrá.
2. Escríbelo cuando termines la novela
Aunque va al principio, el prólogo debe escribirse al final.
¿Por qué? Porque solo después de terminar entiendes de verdad qué historia has contado.
Y qué quieres decir sobre ella.
No lo fuerces desde el inicio.
Déjalo como la última conversación con tu lector antes de dejarle a solas con la historia.
2. Escribe una escena, no un resumen
Un prólogo narrativo no es una sinopsis expandida.
Es una escena con estructura: inicio, desarrollo y final, también llamado detonante.
Y debe contener:
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Acción o emoción (nada de información)
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Un personaje en movimiento.
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Una atmósfera potente.
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Y una semilla de pregunta que hará que el lector quiera seguir.
Ejemplo de prólogo efectivo:
“La asistenta” de Freida McFadden.
En el libro 1 de esta trilogía puedes leer un prólogo de 2 páginas.
La primera frase ya es potentísima:
«Si salgo de esta casa, será esposada”
Luego empieza la primera parte, y se contextualiza tres meses antes del prólogo.
3. Juega con el tiempo (sin confundir)
Puedes usar el prólogo para mostrar un flashback, un evento del pasado, o incluso algo que pasará mucho más adelante, como ocurre en el ejemplo anterior.
También puedes aludir a algún aspecto de la infancia de tu personaje principal.
En el prólogo de mi libro “El indecente secreto de Lady Susan”, narro una acción que muestra por qué Lady Susan está tan traumatizada con el color de su pelo, así entiendes las acciones futuras que se desarrollan a lo largo de la novela.
El truco es dejar claro que es un salto temporal o espacial, y que no forma parte directa del inicio de la trama principal.
Esto mantiene el interés sin desorientar al lector.
4. Mantén el tono coherente con la novela
Aunque sea una escena aparte, el prólogo debe sonar al libro que va a seguir.
Si es un thriller, que tenga tensión.
Si es una novela intimista, que respire emoción.
Si es fantasía, que muestre el mundo sin dar una clase de historia.
Funciona como una promesa narrativa.
¿Y si no tengo claro si mi historia necesita prólogo?
Entonces probablemente no lo necesita.
Si tu capítulo uno ya tiene fuerza, entra de lleno y no mires atrás.
Si tu historia se beneficia de una escena previa que añade tensión, misterio o emoción, escribe el prólogo narrativo.
Pero nunca lo uses para explicar lo que luego vas a mostrar.
El prólogo narrativo no cuenta: muestra antes de tiempo.
En el libro 2 de la serie las Indecentes “El indecente deseo de Lady Kat” prescindí del prólogo dado que en el primer capítulo ya mostraba todo lo necesario para entender la historia, y ya había también tensión emocional suficiente.
¿Y si escribo libros de no ficción, qué pasa con el prólogo?
1. Dale una estructura sencilla
Un buen prólogo tiene inicio, desarrollo y cierre.
No hace falta hacer malabares. Solo:
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Una bienvenida breve.
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Un cuerpo donde compartas el origen o intención del libro.
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Y un cierre que invite a seguir leyendo (sin spoilers, por favor)
Entre 1 y 2 páginas suele ser más que suficiente.
2. Escríbelo en primera persona (y con verdad)
No intentes impresionar.
No expliques de más.
Y sobre todo: no adoptes una voz que no es la tuya.
Un prólogo funciona cuando suena a ti.
Como si le contaras a una amiga por qué escribiste este libro. Qué te removió. Qué te empujó a terminarlo.
El lector no busca datos. Busca conexión.
El valor del prólogo
Un prólogo no debe competir con la novela.
Tampoco debe repetir lo que se leerá después.
Es una pieza aparte, pero que dialoga con la historia.
Puedes usarlo para sembrar una idea, una emoción, una incógnita…
Lo importante es que aporte algo. Que invite. Que prepare el terreno.
Cosas de escritora:
En novela de ficción, sobre todo en la novela romántica histórica que es lo que a mi me gusta escribir (aunque también escribo otros géneros) el prólogo es una parte importantísima de la novela, así como el epílogo (en otro artículo hablaré de él)
Y si he aprendido algo sobre leer y escribir prólogos en esta clase de historias, es que son la antesala de lo que va a venir. Un prólogo aburrido lleva a una novela con el mismo tono.
Por eso en la mayoría de las series, que puedes visualizar hoy en día en diferentes plataformas, tienen prólogos, pero no te habías dado cuenta.
Un ejemplo: la serie “Vicios ocultos” de Apple TV empieza con el protagonista despertando al lado de un muerto y resbalando con su sangre cuando pretende escapar. Eso, amiga, es un prólogo.
Luego viene la música, los créditos y empieza el episodio 1 en el que nos informan que la historia real empieza 6 meses antes.
Y no, la serie no termina con el protagonista en el suelo con el muerto, si no que esa escena (spoiler al canto) aparece al cuarto episodio aproximadamente. Muy parecido a la estructura de la novela “La asistenta”, de la cual te he hablado anteriormente.
Así he aprendido que un buen prólogo no se trata de explicar el libro.
Se trata de presentar la emoción que lo sostiene.
En el Escritor Flexible te acompaño cada semana con herramientas, claridad y realismo para que escribir no sea una tortura, sino un camino propio.
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